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Vuelta de los viejos fantasmas

En estos dias inciertos, como comienza una canción de Celtas Cortos, hemos de volver a asistir con cierto asombro a un juicio por crímenes políticos… No, señores, no me estoy refiriendo al caso de Luis Barcenas, que encima anda pidiendo que todo vaya rapidito (si es que ya se sabe, los malos tragos cuanto antes mejor…) Dejare mi diatriba antipepera para otro rato, pero no se preocupen, que lo que viene a ser la derecha, siempre recibe algo de mi, ya lo saben.

Bueno, pues el juicio de marras es el que se sigue contra el militar neonazi que asesinó a un joven antifascista de 16 años hara cosa de dos años, en el transcurso de una manifestación de Democracia Nacional en el madrileño barrio de Lavapies. Imagino que todos hemos visto el video de marras que las acusaciones presentan como prueba principal: en el, se ve a Josue (el militar neonazi asesino con nombre judio, ¡vaya nazi!) con un cuchillo en la mano mucho antes de que un nutrido grupo de antifascistas entraran en el vagón. Por supuesto, cuando el grupo entra, todo el mundo repara en las inconfundibles pintas neonazis de Josue, con el pelo rapado, ropa oscura y seguramente algún tipo de signo identificativo de un neonazi que nosotros no podemos distinguir en el video. Carlos Palomino adopta una actitud amenazante con el militar, sin duda sabiendo que sus colegas intervendran a su favor en caso de que haya una gresca. Pero tras un escaso intercambio de lo que serían bravuconadas de ambos tipos, Josue clava el cuchillo que sostenía en su mano derecha directamente en el corazón de Carlos. Con una herida de ese tipo, por supuesto, poco se pudo hacer por la vida de Carlos.

No obstante, lo raro viene ahora. Cuando cualquiera no daría un duro por la vida de Josue, toda la tropa de amigos de Carlos sale huyendo, vaciando un extintor además, cuyo único efecto es por supuesto cubrir la huida de Josue, que además aun le sobro tiempo para adoptar una pose provocativa ante los antifascistas en fuga, hacer el saludo nazi y proferir esloganes fascistas. ¿No habría sido más “lógico” que todos los antifascistas se abalanzaran sobre Josue, sabiendo que claramente le superaban en número? Extraño… Al menos, en su fuga se llevaron a Carlos, buscando una asistencia médica que si bien fue veloz, poco pudo hacer por una herida que era mortal de necesidad.

Lo que viene a continuación es conocido de todos. Comienza una escalada de tensión entre los grupos antifascistas (generalmente muy mal organizados) y los diferentes grupusculos neonazis, amparados por una galaxia de diminutas formaciones políticas, en especial Democracia Nacional, Falange Española y de las JONS y los entonces Nación y Revolución (hoy Movimiento Socialista Patriota). Esta tensión provocó severos altercados en la zona del Rastro, también en Madrid, en febrero de 2008, cuando la Coordinadora Antifascista (que tiene la sede muy cerca de la zona) acudió a reventar una manifestación autorizada de Nación y Revolución, derivando aquello en dos horas de disturbios a tres bandas entre nazis, antifascistas y policía.

No cabe duda que el crimen de Carlos Palomino tiene una diversidad de lecturas enorme, pero ha vuelto a poner de relieve muchisimas cosas, y en especial en un momento muy delicado. En primer lugar, ha recordado no solo a todos los madrileños, sino a todos los españoles, que aun hay algo que se mueve a la derecha del PP y a la izquierda de IU, y después de los resultados obtenidos en las elecciones europeas por los partidos ultraderechistas (el mejor desde 1982) hay que seguir insistiendo en que se están convirtiendo cada vez más en una amenaza real. La actual y lógica desconfianza que muchos españoles sienten ya hacia el PP y el PSOE, la ineficacia de IU y UPyD para convertirse en alternativas fiables, la crisis económica y el auge de los nacionalismos vuelve a mover a muchos españoles hacia alternativas políticas del todo desaconsejables.

Ahora bien, la extrema izquierda, aun más minoritaria que la extrema derecha en España, no ha dejado de aprovechar este crimen para ganarse unos minutos de gloria en los informativos y han construido en torno a Carlos Palomino un halo de simbolo caido de la libertad y de la lucha contra el fascismo, perdiendo de vista varios aspectos. Lo primero, que si los neonazis tienen un proyecto político más que discutible (por no decir que no son más que una banda de camorristas), los antifascistas no proponen cosas mejores. Para empezar ya es bastante revelador que un colectivo político no pueda definirse por como es, sino por estar en contra de otro colectivo ¿Que pasara con todas estas hordas de luchadores por la libertad cuando logren su proposito de eliminar el fascismo de las calles? ¿Acaso se irán a sus casas? ¿O impondrán otro tipo de fascismo oculto bajo una hoz y un martillo y una A rodeada de un circulo? Bien sé yo que el auténtico anarquista, el auténtico libertario, no van con pintas punkarras y no marchan a reventar manifestaciones fascistas…

En segundo lugar, no podemos perder de vista ciertos aspectos legales que los antifascistas parecen obviar. Por supuesto, ya sabemos que la legislación vigente poco valor tiene tanto para unos como para los otros, pero en todos los casos, las manifestaciones convocadas por los neonazis eran legales y autorizadas por la Dirección de Seguridad, una decisión que sinceramente ya es bastante discutible. En ambos casos, las contramanifestaciones antifascistas eran ilegales y realizadas con el proposito especifico de reventar las marchas fascistas…

Y en tercer lugar, observemos en terminos de lucha en si la situación: los antifascistas deberían saber de sobra a que van allí y contra quien se juegan los cuartos. No entiendo demasiado bien esos rasguidos de vestidura de los antifascistas, sabiendo que buscaban camorra, y acabó de la forma más trágica posible. No trato de justificar con esto lo injustificable, pero que los antifascistas entiendan que si desean embarcarse en una guerra contra sus rivales políticos, en una guerra siempre hay bajas. Y por cierto, es muy poco congruente con las ideas que vocifera la extrema izquierda buscar una mezquina venganza en los tribunales de un Estado que defenestran y además quedarse temblorosos en un rincón mientras la extrema derecha se muestra cada día más fuerte, organizada y con su mayor auge desde la Transición.

Y como última reflexión: volvemos a lo mismo, 30 años de democracia y hay un resto fosil del pasado que se niega a desaparecer, tercamente mantenido por unas docenas de viejos nostálgicos, algunos iluminados y una serie de jovenes débiles, confundidos y engañados por unas personas que no son más que imbéciles con infulas de poder y que por supuesto todos ellos no hacen sino disimular su propia mediocridad. Espero que toda esta cochambre social se resigne un día a desaparecer y a dejar que todos nosotros podamos vivir tranquilamente y en paz, sin preocuparnos por nuestras ideas políticas, religiosas, nuestra raza o nacionalidad o nuestra inclinación sexual… ¿Utópico? ¿Ingenuo? ¿Cursi o pasteloso? No, solo alguien que busca la auténtica libertad. Para todos.

Septiembre 15, 2009 - Publicado por falgarth | Entradas de Falgarth, Partidos Políticos | | Aún no hay comentarios

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